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El arte de ser Alejandra Llamas

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Dejar de mirar para afuera. Dejar de creer lo que decían al alrededor. Dejar de seguir las normas de la sociedad. Parar. Respirar. Empezar otra vez. Puede que el orden sea diferente, pero seguro no altera el resultado. Para Alejandra Llamas algo no estaba funcionando. Pero no para la Alejandra de hoy en día, pero para la Alejandra de hace 20 años. La Alejandra que aun creía que sus pensamientos eran la verdad y que solo había una forma correcta de hacer las cosas, la misma que cayó en la trampa de la presión social, del desamor, de la aprobación y de las expectativas. Ese juego que nos lleva a restarle sentido a la vida y a sumarle preocupaciones.

La Alejandra de hoy camina ligero, habla despacio, vive en el ahora y no siente la necesidad de justificar sus decisiones de vida. Entendió que esa voz que le decía que había fallado, era solo eso, una voz, y que era ella la única que podía silenciarla y demostrarse lo contrario. Su propósito fue entonces encontrar felicidad, plenitud como lo dice ella. Una nueva ciudad. Una nueva vida. Una nueva Alejandra.

No, no fue de la noche a la mañana. Tampoco fue un proceso fácil. Incluyó cerrar relaciones, crear nuevos lazos, confiar en lo desconocido, soltar años de creencias, aprender nuevas formas de vivir, desaprender teorías, muchas lágrimas, maletas y golpes para estar donde está. Hoy, sus ojos, su boca y su vida, hablan de coherencia, de tranquilidad, de amor incondicional, de paz y de tolerancia.

Entre sus maestros están, además de Gandhi y el Tao Te Ching, su abuela materna, sus hijos, su esposo y sus 4 perros. Con 7 libros escritos, un instituto de Coaching con miles de personas certificadas y cientos de conferencias dictadas en todas partes del mundo, los pies de Alejandra siguen firmes sobre la tierra.

Alita, como le dicen de cariño sus amigos y familiares, es una mujer sensible, que encontró su propósito en compartir su historia de vida y sus enseñanzas a todas las personas que estén interesadas en empezar a vivir, y en dejar de sobrevivir. Son muchos los miedos enfrentados, pero hay uno que todavía la trasnocha, envejecer, y aunque su abuela lo hizo con toda la gracia, elegancia y dignidad del caso, ella todavía se sigue cuestionando cada día sus creencias, pensamientos y emociones alrededor del tema.

No se trata de perfección, ni de títulos, ni de posesiones, ni mucho menos de logros, para Alejandra Llamas la felicidad y la plenitud que tanto anheló y buscó, se trata de ver lo maravilloso en las cosas sencillas del día a día. Para ella, el universo es un homenaje a la abundancia y nosotros, todos, somos parte de él, solo necesitamos detenernos a verlo y a disfrutarlo.

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