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De pasiones, propósitos y otros cuentos que me creí

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Hace ya varios años me dio un ataque por entender a qué es que venimos a este mundo, cuál es que es el bendito propósito que tenemos, cómo es que se encuentra nuestra “pasión” y cómo se utiliza para lograr esa vida tan “feliz” y “fácil” que dicen por ahí. Hace 6 años de eso y yo todavía sigo sin entender mucho, sin encontrar mis talentos ocultos o esa pasión {singular} que iba a cambiar mi vida y el mundo por ahí derecho.

Para mí sí tiene sentido eso de hacer lo que te apasiona, entender tu propósito y hacer lo que amas {y amar lo que haces}, lo que ha dejado de tener sentido es esa intensidad con la que me tomé el tema y la presión de tanta frase, tantas vidas perfectas y tanto experto que hay hoy en día. Hace rato acepté que talentos así como muy especiales no tengo, que soy una persona promedio, por no decir común y corriente que suena más vulgar, pero no menos cierto. Que pasiones como tales {que se me desborden del cuerpo} son pocas y no muy relevantes la verdad, así que de querer entender cómo cambiar el mundo, terminé viendo cómo era que iba a mejorar el mío primero y que era lo que me tenía tan inquieta. No sobra decir que admiro profundamente a esas personas que viven de su pasión y que tienen talentos innegables, me causan curiosidad y me generan, además de admiración, respeto.

En el camino he aprendido una que otra cosa, he dejado comportamientos que no me servían para mucho y he aprendido por ejemplo a ser más paciente, a vivir mi vida, {no la de otros}, que es donde tengo poder y a mantenerme en el presente, ya que de nada me sirve sufrir por el pasado que ya fue, ni vivir en el futuro que no sé ni siquiera si llegará. Dejé de hacer interpretaciones de todo lo que pasaba a mi alrededor, empecé a aceptar la realidad como es, sin historias y sin dramas, ignorando esa tendencia femenina de darle un significado a cada gesto, mirada, palabra y acción.

Entendí que las pasiones las puedo ir creando y cambiando, que no tiene que ser una sola, y que el propósito es simplemente estar donde estoy {presente}. También entendí, que podemos tener religiones y creencias diferentes, dioses con diferentes nombres y filosofías de vida, pero que al final el común denominador es el amor. Todavía me queda mucho por aprender, pero por el momento sigo tratando de hablar con la niña interior que es más bien esquiva; de lograr ideas increíbles y transportarme a lugares mágicos cuando medito; de cambiar algunas palabras de mi vocabulario sin ir a sonar como una predicadora o un robot; y de cuestionarme cada día mis pensamientos, que la verdad son demasiados y variados.

Al Coaching llegué a raíz de estas ganas de entender mucho más de la vida y de mí. He aprendido cosas increíbles, pero se me prenden las alarmas cuando repito palabras y frases de cajón, cuando siento que estoy hablando diferente o cuando empiezo a creer que puedo cambiar el mundo y la gente. Por ahora sigo aprendiendo, entiendo y soltando, poniendo en práctica cada concepto, teoría y modelo aprendido. Dejando de tragar entero y cuestionando de dónde vienen ciertos pensamientos y sentimientos que a la final o crean oportunidades o nos limitan la vida, y sin atormentarme con los cuentos de pasiones y propósitos que últimamente están tan de moda y que para mi, todavía, no están tan claros.

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