Talento, pasión y revolución

Talento, pasión y revolución

Y una de esas noches donde Instagram te empieza mostrar vidas iguales, mensajes copiados, imágenes editadas y realidades inventadas volví a crear monólogos sobre lo que es la autenticidad, lo que significa ser uno mismo, ser fieles a nuestra verdad. Una idea se mezclaba con la otra y no lograba ordenar mis pensamientos. Del celular pasé al computador, esto iba para largo, y de buscador en buscador llegue a TED donde siempre hay ideas, puntos de vista y teorías que nos abren la mente. Puse autenticidad, no salió nada, puse originalidad, tampoco, así que un poco decepcionada me fui a ver cuáles eran los videos más vistos por estos días. Y una charla llevó a otra, de Matt Goldman pasé a Ken Robinson, y voilà, ahí estaba la respuesta que necesitaba para dormir tranquila esa noche.

Se habló de creatividad, de innovación, de revolución y de educación. Cada idea decantaba en la otra de manera perfecta, y aunque un autor no tenía nada que ver con el otro ambos hablaban de futuro, de cambio, de valores, de prioridades y de esperanza. Ambos coincidían en la importancia de revolucionar la manera como aprendemos y como educamos. Pero si bien la respuesta tiene que ver con el sistema educativo no es algo de lo que voy a escribir, no por ahora, me faltan argumentos. Pero en sus charlas, Ken Robinson, no solo habla de educación, habla también de talento y de pasión, dos temas de los que si voy a escribir. El talento y la pasión son dos cosas diferentes, que pueden complementarse o pueden no complementarse, una no tiene por qué limitar a la otra ni mucho menos suplantarla.

Para la Real Academia Española, talento es “persona inteligente o apta para determinada ocupación”, y aunque me parece que se queda corta la definición quién soy yo para pelearle a la academia. Concuerdo entonces en que es una aptitud y en que es para realizar algo determinado. Y si bien creo que somos seres perfectos y que todo lo podemos, no puedo negar que algunos nacen con más capacidades que otros para ciertas cosas, algunos lo tienen muy claro desde sus primeros años y otros vamos por la vida buscándolos, porque no siempre los tenemos tan a flor de piel.

Pero el talento por sí solo no nos dice mucho, es solo una aptitud de varias que podemos tener y desarrollar. Pero si al talento le sumamos la pasión, y esa definición si no la voy a sacar de la RAE porque dan ganas de llorar, es ahí, en ese cruce, donde ocurre la magia. Hacer lo que nos apasiona y para lo que tenemos talento no solo nos va a llenar de felicidad y propósito, sino que nos va a dar esa originalidad, autenticidad y voz propia que tanto buscamos en los lugares equivocados. Y aunque a veces esto suena a un ideal de vida yo sigo creyendo firmemente que las personas más felices, más inspiradoras, más enriquecedoras y más auténticas son las que conocen sus talentos, se conectan con sus pasiones y hacen de eso su vida. Son las mismas que hacen lo que aman, aman lo que hacen, no trabajan un solo día de su vida y no se preocupan por lo que piensen los demás.

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